Cortejo y Apareamiento del Puma concolor

Por Mauricio Cifuentes, Alumno de postgrado, Laboratorio Fauna Australis
Les comparto la secuencia más insólita que he tenido en mi corta vida, tomada cercana al Lago Sarmiento (Torres del Paine) durante la recolección de datos de mi proyecto de tesis junto al equipo Panthera.
 

Les presento una pareja de Pumas o también conocido como león de montaña (Puma concolor) en pleno cortejo y apareamiento. El macho (ver segunda foto) presenta el lado derecho del rostro demacrado, su cabeza más ancha en las partes inferiores, tonalidades más grisáceas y mayores dimensiones que la hembra. Mientras que ella (tercera foto), hermosa desde donde se mire, presenta un color más café-amarillento y un tamaño más pequeño que este macho.
Cabe mencionar que sólo el tamaño, las dimensiones de la cabeza y los genitales (difícil de ver) son la manera de diferenciar en terreno si el individuo corresponde a un macho o hembra.

Durante el celo, la hembra emite una vocalización, orina y fecas para atraer al macho el cual puede compartir territorio con varias hembras para asegurar el apareamiento, pero no así con otros machos, ya que es un animal sumamente territorial y solitario. A excepción del momento de crianza, en donde sólo la madre cuida de las crías, periodo que puede durar hasta los 2 años, luego de eso la camada sale a buscar sus propios territorios.

Previo al cruce, el macho intentaba con su pata superior derecha bajarle la cola a la hembra (foto 7), la cual respondió en más de una oportunidad con un arañazo casi-certero en el rostro del macho. Pasado unos tres intentos, la hembra permite el acto, el cual es sumamente rápido (1 minuto aprox.) y es finalizado nuevamente con arañazos por parte de ella.

Luego de esto, se echaron a distancia entre sí (foto 10), donde el macho repetía el acto de marcar territorio orinando y haciendo hoyos por el sector, ya que la hembra no le permitió acercarse por un buen rato. Durante el tiempo de celos de la hembra (1 semana aprox.) copulan varias veces por día.

Durante todo el acto, tomé distancia y me oculté entre rocas (a pesar de que ya me habían visto) para ser lo menos invasivo posible, para luego seguir mi camino en busca de la última cámara trampa del día…    

Mauricio Cifuentes

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